11:55 | Caos y descontrol en una huelga general que paralizó el Líbano
La huelga general convocada por el movimiento shiíta de Hezbollah para exigir la renuncia del gobierno libanés terminó con violentos incidentes que dejaron dos muertos, más de 50 heridos, rutas cortadas, y una profunda crisis política que amenaza con desencadenar una nueva guerra civil. La protesta paralizó a todo el país: el trasporte público no funcionó y un grupo de desconocidos tomó el aeropuerto internacional Rafic Hariri de Beirut, provocando que varias compañías cancelen sus vuelos.
En la capital se produjeron varios enfrentamientos con lanzamiento de piedras entre seguidores de ambos grupos. Todo ocurría ante la mirada de cientos de militares apoyados por vehículos blindados, que se han desplegado por toda la ciudad, para evitar que la situación se descontrole. No hubo colectivos ni micros, en una decisión de los sindicatos de unirse al paro de Hezbollah.
Desde bien temprano, miembros de la oposición bloquearon las principales rutas del país con neumáticos, clavos, aceite y otros objetos contundentes para forzar a la población a unirse a la huelga general. La carretera entre Beirut y Damasco estuvo cortada, el tráfico aéreo estuvo interrumpido, y ocho vuelos fueron anulados en el aeropuerto de Beirut, cuyos accesos estaban bloqueados.
El ministro de Comunicación, Marwan Hamadé, criticó los desbordes de la marcha y habló de un golpe de Estado contra el gobierno pero prometió el éxito de la conferencia de ayuda internacional para el Líbano. "Lo que ocurre no tienen nada que ver con la democracia. Es un verdadero golpe de Estado", declaró por su parte el dirigente cristiano Samir Geagea, aliado del gobierno, que calificó las acciones de los manifestantes de "terroristas".
El general cristiano Michel Aoun, jefe de un importante grupo parlamentario, aliado de Hezbollah y del también shiíta y prosirio Amal, recogió el guante de las acusaciones y calificó al gobierno de "criminal", al tiempo que pidió la detención de personas responsables de disparos contra los manifestantes. En tanto, el líder del movimiento shiíta Hezbollah, Hassan Nasrallah, continúa en la clandestinidad desde la guerra contra Israel en julio del año pasado, pero es desde las sombras, el principal impulsor de las manifestaciones para derrocar al premier Siniora.
Los manifestantes tapaban sus rostros con la ropa y llevaban palos en sus manos mientras muestraban los dedos en "V", de victoria. "Han bloqueado el país por la fuerza. Esta situación no puede durar. El Ejército tendría que haber intervenido y con su pasividad ha dejado que la situación se complique", se quejó el diputado de la mayoría, Butros Harb.
En algunas regiones, hubo personas que se acostaron en la calle para impedir la circulación de los autos. La actividad comercial fue nula: la mayoría de los comercios mantuvieron las persianas cerradas ante el temor de nuevos desbordes. Los incidentes alcanzaron también a funcionario del gobierno. Al menos siete miembros de la "Corriente del Futuro", encabezada por Saad Hariri, jefe del grupo parlamentario más importante, resultaron heridos de bala en la aldea de Halba, en el norte del país, cuando pasaban frente a una sede del "Partido Sirio Nacional Social.
El gabinete del premier Fuoad Siniora es acusado, entre otras cosas, de corrupción, de falta de nacionalismo y de solidaridad con las milicias de Hezbollah que lucharon contra Israel durante 34 días. La crisis estalló a mediados de noviembre del año pasado, cuando seis ministros prosirios, cinco de ellos shiítas, dimitieron del gobierno de mayoría antisiria en el poder desde 2005. La oposición reclama disponer de una minoría de bloqueo, pero el gobierno asegura que los shiítas buscan frenar cualquier decisión relacionada con el tribunal internacional que debe juzgar el asesinato del ex premier Rafic Hariri.